La tokenización ya superó los US$25.000 millones

La tokenización ya superó los US$25.000 millones

·6 min de lecturaDinero e Inversiones

Si el fondo tokenizado de Treasuries de BlackRock pasó de US$40 millones a US$2.500 millones en menos de dos años, la discusión ya no es si la tokenización va a llegar. La discusión es a quién va a beneficiar primero.

Lo que durante años se presentó como un experimento del universo cripto se está convirtiendo en una reforma silenciosa de la plomería financiera. En marzo de 2026, los activos del mundo real tokenizados sobre blockchains públicas superaron los US$25.000 millones, cerca de 425.000 millones de pesos mexicanos, tras crecer desde US$6.400 millones en apenas un año. Ya hay seis clases de activos por encima de US$1.000 millones cada una: Treasuries, commodities, crédito privado, fondos alternativos institucionales, bonos corporativos y deuda soberana no estadounidense.

Para buena parte del público, esto sigue sonando como una historia de nicho. No lo es. Cuando cambia la infraestructura de liquidación, cambia también la forma en que se distribuyen comisiones, tiempos y poder de negociación entre intermediarios y clientes.

El costo que antes parecía inevitable

En el sistema tradicional, una operación de valores suele liquidarse en T+2, es decir, dos días hábiles después. En ese lapso intervienen cámaras de compensación, custodios, agentes de transferencia y procesos manuales de conciliación. Cada capa tiene costo. Boston Consulting Group calcula que una tokenización extendida podría ahorrar US$20.000 millones al año en costos globales de clearing y settlement, algo así como 340.000 millones de MXN.

Lo relevante aquí no es la retórica tecnológica, sino la estructura del proceso. Un valor tokenizado puede liquidarse en minutos, a veces en segundos, con operación continua y menos intermediarios. Eso reduce tiempos muertos, reconciliaciones innecesarias y capital atrapado en espera administrativa.

Vista así, la blockchain no compite solo con un software más moderno. Compite con una cadena de cobros que durante décadas se presentó como parte natural del mercado. Y eso vuelve incómoda la conversación para muchas casas de bolsa, porque una parte de lo que cobraban se explica por fricciones que la nueva infraestructura ya no necesita.

Los grandes jugadores ya dejaron la fase de prueba

El caso más visible es BUIDL, el fondo de BlackRock tokenizado por Securitize. Hoy existe en nueve blockchains, entre ellas Ethereum, Solana y Avalanche. Paga interés diario, funciona de forma continua y ya fue aceptado como colateral de trading en Binance. Franklin Templeton también trasladó su fondo monetario gubernamental a blockchains públicas, convirtiéndolo en uno de los primeros productos respaldados por Treasuries utilizables como colateral on-chain 24/7. JPMorgan, mientras tanto, llevó su Tokenized Collateral Network del piloto a producción con clientes institucionales de gran tamaño.

Nada de esto implica una conversión filosófica de Wall Street a la descentralización. El incentivo es más terrenal: menos intermediación significa más eficiencia operativa. Y cuando una gran institución detecta una mejora estructural, intenta apropiarse de esa mejora antes de que llegue al siguiente eslabón de la cadena.

Por eso conviene escapar tanto del entusiasmo ingenuo como del escepticismo automático. La tokenización no destruye por sí sola a los guardianes del sistema. A menudo solo cambia cuáles son.

El regulador ya dejó una señal importante

En enero de 2026, la División de Finanzas Corporativas de la SEC emitió una declaración conjunta para aclarar que las leyes federales de valores siguen aplicando a los activos tokenizados. Que el registro esté en una blockchain y no en un libro tradicional no modifica, por sí mismo, el perímetro regulatorio. La comisionada Hester Peirce señaló beneficios potenciales como mayor eficiencia operativa, liquidación casi instantánea, mayor liquidez y acceso más amplio para inversores.

No es una carta blanca. Tampoco equivale a decir que todos los obstáculos desaparecieron. Pero sí reduce una de las incertidumbres que más frenaban a los grandes asignadores de capital. Para el dinero institucional, la claridad regulatoria pesa más que el discurso.

Desde ahí se entienden mejor las proyecciones. McKinsey estima que el mercado tokenizado podría llegar a US$2 billones en 2030, con escenarios optimistas de hasta US$4 billones. BCG fue más agresiva en su actualización de 2025: US$9,4 billones en 2030 y US$19 billones en 2033. Son escenarios, no certezas. Pero muestran por qué este tema ya dejó de ser marginal.

El inversionista minorista sigue mirando la parte menos importante

Mientras muchos inversionistas particulares siguen pendientes del próximo rally especulativo, la disrupción más seria ocurre en la capa de infraestructura de los activos tradicionales. No es el memecoin el que puede cambiar las comisiones de tu intermediario. Es la posibilidad de que bonos, fondos y colateral se muevan con liquidación casi inmediata y con menos peajes.

El crecimiento de la oferta de Treasuries tokenizados ya da una pista. Pasó de 35 a más de 50 productos en un año, con emisores priorizando formación de capital en 53,8% de los casos, por encima de la liquidez. Aun así, 88% del suministro de stablecoins respaldadas por activos del mundo real permanece fuera de sistemas DeFi. La infraestructura avanza, pero los accesos para el inversionista común siguen siendo limitados.

Eso no debería sorprender. Cada año que la tokenización tarda en traducirse en acceso masivo es un año más en el que persisten capas de costos y asimetrías que ya pesan sobre el pequeño inversionista, como muestran análisis sobre desventajas estructurales del retail frente al institucional.

La batalla real es por el ahorro de fricción

La pregunta importante no es si la tokenización existe. Ya existe. La pregunta es quién captura el ahorro cuando la liquidación se vuelve más rápida, más barata y más continua. Si la nueva infraestructura reduce intermediarios, una parte del valor antes absorbido por la cadena tradicional deja de estar garantizado. Ahí se abre la disputa.

BlackRock, Franklin Templeton, Goldman Sachs y JPMorgan no están haciendo esto como gesto pedagógico hacia el pequeño inversor. Están reposicionándose como administradores de la nueva infraestructura. Para el inversor minorista, eso abre una tensión evidente: o una parte de esa eficiencia termina llegando a su cartera, o el ahorro quedará arriba mientras él sigue pagando por una estructura más lenta. Esa tensión también conversa con temas como fondos alternativos con liquidez limitada y estrategias que empiezan a competir con los índices tradicionales.

Los US$25.000 millones ya en cadena no son una promesa del sector. Son la prueba de que la tubería ya empezó a cambiar.

Fuentes y Referencias

  1. Blockhead
  2. CCN / BlackRock via Securitize
  3. Boston Consulting Group (BCG)
  4. SEC via Sidley Austin LLP
  5. McKinsey & Company

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