La melatonina dejó de parecer tan inocente
La melatonina se instaló en la vida cotidiana como pocos suplementos lo han hecho. Se vende como ayuda suave para dormir, como atajo razonable cuando el descanso falla y, sobre todo, como algo “natural” que no merece demasiadas preguntas. Por eso el nuevo foco sobre sus posibles efectos cardiovasculares resulta tan incómodo. No golpea a un fármaco de alto riesgo. Golpea a un producto que mucha gente toma con la confianza con la que se prepara una infusión.
La alerta más citada viene de un comunicado de la American Heart Association sobre un estudio presentado en sus sesiones científicas de 2025. Allí, investigadores revisaron cinco años de historiales clínicos de 130.828 adultos con insomnio y encontraron que quienes usaron melatonina durante un año o más mostraban más diagnósticos de insuficiencia cardiaca, más hospitalizaciones por esa causa y mayor mortalidad por todas las causas. El dato es serio. La interpretación, en cambio, exige más cuidado del que sugieren muchos titulares.
Lo que vio realmente el estudio de la AHA
El análisis utilizó la red TriNetX y comparó 65.414 pacientes con melatonina registrada en su historia clínica frente a 65.414 pacientes pareados que no la tenían. Los grupos fueron equilibrados en 40 variables, desde edad y sexo hasta enfermedades previas y otras medicaciones. Además, se excluyó a quienes ya tenían insuficiencia cardiaca o habían recibido otros hipnóticos.
Los resultados fueron difíciles de ignorar. La insuficiencia cardiaca incidente apareció en 4,6% de quienes usaban melatonina, frente a 2,7% de los no usuarios. La hospitalización por insuficiencia cardiaca fue de 19,0% contra 6,6%. La mortalidad por todas las causas, a cinco años, llegó a 7,8% en el grupo expuesto y a 4,3% en el grupo control. El propio resumen del abstract en Circulation indica además que la asociación se mantuvo en una prueba de sensibilidad que exigía al menos dos prescripciones separadas por 90 días.
El dato fuerte no equivale a una prueba final
Aquí aparece la parte menos cómoda, pero más importante. La AHA advierte que el trabajo es preliminar. Se presentó como abstract de congreso y todavía no está publicado como manuscrito completo revisado por pares. En salud, esa diferencia no es técnica ni menor. Significa que el hallazgo debe leerse como una señal de riesgo, no como una demostración cerrada.
Hay, además, un problema clásico de confusión. Una persona que usa melatonina durante mucho tiempo no es necesariamente comparable a otra que nunca la usó, aunque se ajusten muchas variables. Puede tener insomnio más severo, más ansiedad, depresión, peor salud metabólica o una combinación de factores que ya aumentan el riesgo cardiovascular. Dicho de otro modo, la melatonina podría ser causa, podría empeorar un terreno ya frágil o podría funcionar simplemente como marcador de una situación clínica más compleja.
La literatura no habla con una sola voz
Eso se vuelve aún más evidente cuando se mira el estudio publicado en The Lancet Diabetes & Endocrinology. Allí se analizaron tres grandes cohortes estadounidenses con 159.072 participantes. En ese trabajo, el uso de melatonina no se asoció con un aumento estadísticamente significativo del riesgo cardiovascular. El hazard ratio agrupado fue 0,94, un resultado esencialmente neutral.
Incluso hubo un hallazgo llamativo: entre personas con años de trabajo nocturno rotativo, la melatonina pareció atenuar parte del daño cardiovascular vinculado a esos turnos. La contradicción no cancela el estudio de la AHA. Lo que hace es obligarnos a abandonar la idea de una respuesta simple. Tal vez el problema no sea la molécula en abstracto, sino el contexto en el que se usa, la duración del consumo o el perfil clínico de quien la toma.
El punto ciego regulatorio empeora la discusión
Mientras la ciencia intenta aclarar el riesgo, la regulación deja zonas grises. La cobertura de STAT sobre un estudio en JAMA mostró que, al analizar más de dos docenas de gomitas de melatonina, casi todas contenían más de 10% por encima de la dosis declarada. Un producto tenía cerca de tres veces la cantidad anunciada en la etiqueta. Quien cree estar tomando 5 mg podría estar tomando bastante más.
En Estados Unidos, los suplementos no pasan por el mismo filtro previo de seguridad y eficacia que los medicamentos. Eso no convierte a la melatonina en un producto automáticamente peligroso, pero sí vuelve más frágil la confianza ciega. En América Latina, donde la adopción suele ir más rápido que la discusión pública sobre calidad, ese matiz importa.
Qué hacer si la melatonina ya forma parte de tus noches
La salida razonable no es el pánico ni la negación. Si tomas melatonina de forma diaria desde hace meses, conviene revisar con un profesional la dosis, la duración y, sobre todo, la causa del insomnio. También conviene mirar el cuadro completo: antecedentes cardiacos, apnea del sueño, ansiedad, depresión y uso de otros fármacos.
La enseñanza de fondo es menos dramática, pero más útil. “Natural” no significa trivial. Y “muy usada” no significa “bien entendida”. Después de 130 mil historias clínicas, la melatonina ya no puede presentarse solo como un gesto inocente antes de dormir. Hoy se parece más a un suplemento que merece una conversación médica de verdad.
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